España en la mochila


No, no voy a convertir este blog en uno de viajes, no soy Labordeta, pero el pasado fin de semana estuve de viaje con mi familia y fue tan increíble que quería contároslo. 

Viajar al extranjero mola mucho, pero hace unos años pensé que antes de salir fuera a conocer mundo, tendría que conocer mejor España. Porque a tiro de piedra y por poco dinero, tenemos sitios maravillosos, sobre todo si vives en Madrid que todo te queda (más o menos) equidistante, con una riqueza cultural, histórica y gastronómica difícil de superar.

Así que, aprovechando que queríamos celebrar nuestro aniversario de bodas, nos hemos ido toda la familia (niños incluidos) de viaje.

El destino elegido fue un sitio que tenía muchas ganas de conocer: Cáceres. Puede parecer un sitio con poco glamour, pero es porque creo que Extremadura es una gran desconocida. Quizá el norte de España tiene la fama, con su verdes paisajes, pero a mí me tira mucho más la naturaleza del sur, el paisaje de dehesa con encinas y mucha luminosidad. No obstante, la zona norte de Cáceres, donde estuvimos, es totalmente distinta y sorprendente. En concreto, estuvimos en la Comarca de La Vera (donde el pimentón) , un poco por el Valle del Jerte y de Ambroz y en el Parque Nacional de Monfragüe.

Como es fundamental planificar las visitas, antes del viaje me compré una guía de la zona en AMAZON para poder decidir todos juntos dónde iríamos.

Busqué en TOP RURAL un alojamiento por la zona de La Vera y, guiándome por las opiniones de los usuarios, me quedé con LA OROPÉNDOLA, situado en Jaraíz de la Vera. Fue una buena elección, bien situado, y desde el que podías hacer muchas excursiones sin demasiado coche. Los apartamentos eran muy espaciosos, tipo loft, aunque algo parcos en mobiliario y se echaba de menos una mejor iluminación. El entorno, sin embargo, era espectacular, en mitad de un bosque de castaños, hayas y robles, con una gama cromática otoñal que quita el hipo.

Lo mejor, no obstante, fueron los dueños que con gran amabilidad nos dieron todo tipo de mapas y sugerencias para visitar y aprovechar mejor el tiempo disponible.

DÍA 1:

Mapa excursión día 1

Empezamos la visita en Cuacos de Yuste, un encantador pueblecito que conserva la arquitectura típica de la zona, donde nos sorprendió la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en perfecto estado de revista y donde se puede admirar un precioso órgano construido en Amberes por orden de Carlos I.

De camino al Monasterio de Yuste, nos paramos en el Cementerio Alemán, donde se agruparon los alemanes muertos durante las dos Guerras Mundiales en territorio español y dispersos por todo el país.

De allí nos fuimos a GARGANTA LA OLLA, donde comimos en el Restaurante La Vera, no sin antes parar en el Mirador de la Serrana, dedicado a Isabel Carvajal y su leyenda. Terminamos la tarde dando un agradable paseo por el pueblo y por las piscinas y las cascadas de Pilatillas, entre higueras, castaños, cerezos y robles. Cerramos el día cenando en el Restaurante La Abadía de Yuste, en Cuacos de Yuste.

DÍA 2:

Visita día 2

El segundo día queríamos ir a Hervás y, pensando que era poca cosa, hicimos parada en Plasencia. Esta última, no me gustó demasiado, es una población bastante grande que ha perdido encanto, con el centro histórico totalmente abarrotado de comercio moderno (mucha franquicia de ropa y zapaterías). No obstante, sigue teniendo monumentos que merecen la pena visitar como la Catedral. Eso sí, nos sorprendió que un monumento cerrara las visitas al público un sábado de 1 a 4. Así que cogimos de nuevo carretera y circulamos un rato por el valle del Jerte, que estaba impresionante con los cerezos con la hoja roja a punto de caerse. Pasado Cabezuela, subimos por el Puerto de Honduras (no apto para corazones delicados) para pasar al valle de Ambroz, donde estaba Hervás.

El puerto de Honduras es una carretera estrecha y sinuosa, con tramos donde apenas caben dos coches, por lo que hay que hacerlo en buenas condiciones climáticas y de visibilidad. Pero es un espectáculo muy recomendable.

Hervás es un pueblo con un importante legado judío y prueba de ello es su bien conservada judería, un intrincado laberinto de callejuelas empedradas con casas muy peculiares, de balcones y voladizos y muchas de ellas “alicatadas” con tejas colocadas al revés. Además, es un pueblo muy animado, las calles son bulliciosas y con numerosos restaurantes y bares. Comimos muy bien en Casa Luis, un pequeño local con una decoración más moderna de lo que puedes esperar en una población de este tipo, aunque el servicio era francamente mejorable. Otras opciones interesantes son La Vaca Brava, con un comedor con chimenea muy agradable, y Sésamo. Eso sí, no se os ocurra ir a Hervás sin reservar restaurante, os podéis encontrar con una sorpresa.

DÍA 3:

Mapa excursión día 3

El último día nos fuimos al Parque Nacional de Monfragüe, una joyita que recorrimos de norte a sur. Lo hicimos en coche, pero hay muchísimas rutas para hacer andando. Lo mejor fue la cantidad de animales que vimos, en especial buitres.Buitres en MonfragüeAl final del recorrido en Villareal de San Carlos, existe un centro de interpretación de la naturaleza, que es interesante parar si vais con niños. Terminamos la visita subiendo al castillo desde donde disfrutamos de unas vistas espectaculares del parque y alrededores.

Paramos a comer en la Hospedería del Parque de Monfragüe y al terminar nos fuimos a Trujillo, última parada de nuestra ruta antes de volver a Madrid. La carretera hasta Trujillo atraviesa increíbles fincas y dehesas donde pudimos ver toros, vacas, ovejas, cabras, cerdos. Trujillo es una joya del patrimonio histórico, cuna de Pizarro, conquistador de Perú. Visitamos la Casa-Museo de Pizarro y el Castillo, que fue lo que más disfrutaron los niños. Lo más interesante del castillo es que puedes pasear por las murallas y tener unas vistas preciosas de toda la ciudad desde distinto ángulos.

Pero lo que más me gustó del viaje es haber compartido estos días en familia y sobre todo hacer partícipes a los niños de todo lo que íbamos a hacer y a ver. Y los niños volvieron con un montón de experiencias y de conocimiento sobre nuestra historia y nuestra cultura.

Volvimos con unos cuantos productos típicos, como el pimentón de La Vera (descubrí la variedad agridulce, que no se suele encontrar fuera de la zona), quesos como la torta del casar, y un montón de mermeladas artesanas de Casa Alonso. Originario de la zona es tambien La Chinata, una marca de productos basados en el aceite de oliva, muy de moda entre los gourmets y que también tiene una línea de cosmética.

Os animo a que salgáis a conocer España en general y Cáceres en particular. ¡Os sorprenderá!

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